jueves, 8 de diciembre de 2016

El primer año de Cambiemos


    Se cumplen 365 días de gestión Cambiemos. Ese momento que muchos queríamos, un claro alto al populismo y la asunción de gente “nueva” por así decirlo. Cristina se las ingenió para no darle el bastón presidencial a Mauricio Macri, y desde entonces nos gobierna una fuerza política nueva, que generaba grandes expectativas por sus nombres, sus promesas, y su experiencia en la Ciudad de Buenos Aires.



    El análisis puede variar, pero vamos a concordar en muchas cosas. Principalmente en las promesas incumplidas. Algo que es muy grave para personas como yo, y como todos los que fomentábamos el voto Pro, porque nosotros fuimos y somos los que tenemos que poner la cara ante la devaluación, ante los despidos, ante la falta de inversiones y ante todas las mentiras que se dijo en época de campaña, solo para captar el voto. 

    El presidente, en una entrevista la semana pasada, dijo que se autocalificaba con un 8. Creo que fue muy generoso consigo mismo. La realidad muestra otra cosa, y negarla nos hace igual al gobierno pasado, al que tanto criticamos por distorsionar los datos.

   Los puntos altos son muchos, pero no son los que resuenan en la multitud. El sinceramiento de la economía es algo que se puede resaltar, pero solamente porque es algo que no existía en el gobierno anterior. Personalmente, no me parece algo para destacar, ya que es esencial la transparencia y no debería usarse como algo para “sacar chapa”.

   Algo a destacar es la inversión en el norte argentino. El famoso “Plan Belgrano”. Aunque todavía no se han hecho grandes obras, el presupuesto es altísimo y se espera que se aproveche esta oportunidad.

   Es demasiado positivo que las caras políticas que representan la sociedad tengan diferentes posturas y no sigan la línea partidaria, como se está viendo cada vez que entra algún proyecto de ley al congreso. 

   Un gran logro de este gobierno es la independencia judicial. Los jueces y fiscales tienen total libertad de investigar, sin miedo a que aparezcan suicidados. Los casos de “Dólar Futuro”, “Hotesur”, “La Rosadita”, “Ruta del dinero K”, “Ruta de la Efedrina” están cada vez más cerca de que se resuelvan.

   Algo con lo que suele defenderse Cambiemos es con la herencia recibida de los K. Es algo real, no voy a negarlo. Pero hay cuestiones que no tienen nada que ver con la herencia y quieren justificar errores propios con ese tema. Si hay algo que me molesta de esta gestión es la poca autocrítica, me da la impresión de que todo es una cuestión de marketing. 

  “El crecimiento económico arranca en el segundo semestre” me cansé de repetir, y lo sigo esperando. El PBI cayo un 2% al del año pasado. Y ni hablemos del 40% de inflacion anual. Pero es la herencia…

   Y las inversiones no llegan, otro tema importante. Los puestos de trabajo que iban a crearse no aparecen. El impuesto a la ganancia no se eliminó, al contrario. Ahora hay una gran disputa en cámara de diputados sobre ese tema, y Macri piensa vetar la sanción opositora.

   Es muy fácil ser opositor, me di cuenta ahora. Es algo que tengo guardado desde hace mucho. Criticar lo hace cualquiera. Construir no es tan fácil como parecía en la campaña.

   El famoso “Blanqueo de Capitales” es una movida positiva. Aunque no se cansan de ensuciarse las manos. Obviamente, Franco Macri blanqueo sus offshore.

   La expectativa sobre Mauricio Macri están cayendo de a poco. Personas como yo, que creyeron en sus palabras, ahora las dudamos. Tal vez estamos esperando resultados inmediatos, tal vez el argentino es muy pretencioso y queremos ser potencia en un año. Lo cierto es que se avecinan las elecciones de diputados y senadores en 2017, y la oposición está tomando un papel importante. Massa y Bossio hacen retumbar sus pensamientos en los oídos de la gente que no le está alcanzando el sueldo para vivir. Una Cristina herida que piensa volver con todo, con su gente, y arrasar a lo “Kamporita” con cánticos y choripanes. La izquierda que se opone a cuál medida se presente por el solo hecho de oponerse, y un bloque Cambiemos raro, con un radicalismo mudo, una Lilita incontrolable y un papel Pro expectante. La política argentina está al veremos.


  Y si me preguntan, para mí no es un 8. Es apenas un 5, y a rendir el oral.